jueves, junio 07, 2007


Réquiem final IV – Nocturna de la destruida tonalidad, una carta a Dios


Bailan sobre mi, famélicos lamentos,
antífona del arcano que muere,
suspiro del profundo abismo.
Como un rayo cruzo el dolor mi voz.

Como una tempestad se desatan, coléricos,
los recuerdos en mi interior.
Embaucada y frágil melodía,
fuego, nieve, hojas, otoño, invierno, agonía.

Tengo que vivir aunque no exista mañana,
debo resistir aunque mi alma se parta.
Me ha parido la sinuosa oscuridad,
pero aun con esa cruz mi espíritu debe continuar.

Caballos histéricos de la pesadilla
surcan el cosmo como navaja
sobre mis gélidas y secas venas.
Galope mortal de las fauces de la espiral.

Desgarro en fusas lo poco que queda de mi corazón,
disperso en monótonos acentos la elipsis del albor.
Arranco de mi esencia el último alarido,
la destruida tonalidad, el réquiem final.

Desfallecientes notas del réquiem secreto,
nocturna suprema del beso del infierno.
Ruego a Dios me cobije en el cielo...
Y retuve mi aliento en un deseo de muerte.


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